El Porsche 911 GT1-98 ya es una realidad en Rennsport y supone un guiño directo a los amantes de la resistencia y de los GT1 de finales de los 90. El icónico prototipo de Stuttgart, recordado por su victoria absoluta en Le Mans 1998, aterriza en el simulador alemán con un objetivo claro: elevar el listón de sensaciones y ampliar el espectro histórico del contenido disponible.
El mito del 911 GT1-98
El Porsche 911 GT1-98 fue la culminación del ambicioso programa GT1 de Porsche en los años 90, cuando las marcas convirtieron la categoría GT en una guerra de prototipos disfrazados de coches de calle. Aunque llevaba el nombre 911, en realidad compartía muy poco con un 911 de carretera: chasis monocasco de carbono, motor bóxer biturbo colocado en posición central y una aerodinámica pensada para volar bajo por Mulsanne. Era, básicamente, un prototipo con matrícula testimonial para cumplir el reglamento.

Su momento de gloria llegó en las 24 Horas de Le Mans de 1998, donde Porsche alineó una versión profundamente revisada respecto al GT1 anterior. El 911 GT1-98 no solo era rápido, también era fiable, que en Le Mans suele ser el verdadero superpoder. Mientras varios rivales sufrían problemas mecánicos, Porsche jugó la partida larga y acabó firmando un doblete histórico con el primer y segundo puesto, asegurando su 16ª victoria absoluta en la prueba en ese momento.
El coche se convirtió en un icono porque marcó el final de una era. Tras 1998, la categoría GT1 prácticamente desapareció al volverse demasiado extrema y costosa, algo que no sorprende a nadie cuando dejas que ingenieros conviertan “GT” en “prototipo con faros”. El 911 GT1-98 quedó como símbolo de esa locura gloriosa de los 90, cuando las reglas decían una cosa y los fabricantes leían la letra más pequeña posible. Y para los fans, una joya: mezcla perfecta de ingeniería, picaresca reglamentaria y victoria en la carrera más dura del mundo.

Un paso interesante para Rennsport
¿Qué significa tener el 911 GT1-98 dentro de Rennsport? Para empezar, un coche que mezcla aerodinámica muy depurada, bajo peso y una entrega de potencia que exige manos finas en entradas y salidas de curva. En términos de pilotaje, cabe esperar apoyos largos a alta velocidad, gran estabilidad en frenada recta y un tren trasero que pide mimo al acelerar con el volante aún apuntando al vértice. Además, su presencia abre la puerta a comparativas interesantes con los GT modernos del simulador y, por qué no, a eventos temáticos alrededor de la edad dorada de los prototipos/GT1.
La incorporación del 911 GT1-98 invita a pensar en parrillas mixtas con otros GT de épocas distintas o, idealmente, en la llegada de más modelos de la categoría GT1 para recrear carreras históricas.