La Porsche Esports Supercup 2026 ya tiene campeón: Florian Lebigre se llevó el título tras una final en Monza marcada por incidentes, bloqueos y una lectura del “juego en equipo” al límite. El francés, piloto de Verstappen Sim Racing, remató el campeonato con un margen final de nueve puntos, en una noche que dejó más debate que celebraciones.
La Porsche Esports Supercup 2026 se decide en Monza con demasiados contactos
La última cita arrancó con una situación poco habitual incluso para una copa monomarca en iRacing: sprint y carrera principal con el campeonato completamente abierto. Mitchell DeJong llegó como referencia en puntos, pero el sistema de puntuación y la parrilla invertida dejaban a varios aspirantes con opciones reales.
La primera carrera ya enseñó por dónde iba a ir el guion: el tráfico, la primera chicane y los rebufos convirtieron cualquier maniobra en un riesgo. A partir de ahí, tanto Verstappen Sim Racing como Coanda Esports utilizaron estrategias de equipo muy agresivas para condicionar rivales directos.
- Incidentes en los primeros compases que dejaron a algún candidato tocado o fuera de posición.
- Bloqueos deliberados para frenar a un grupo y permitir que llegaran compañeros desde atrás.
- Toques entre aspirantes que cambiaron el liderato “virtual” del campeonato varias veces en la misma sesión.
- Cambios de ritmo y cesiones que favorecieron a un piloto concreto en el momento clave de la carrera principal.
En ese contexto, Sebastian Job llegó a tener el título al alcance, pero un contacto en plena batalla le dejó sin margen. A partir de ahí, la carrera se rompió por fases: lideratos cortos, trenes de coches y maniobras con más intención táctica que deportiva.

Del golpe de Interlagos a la remontada final de Lebigre
La final de Monza no se entiende sin lo ocurrido en la penúltima ronda. En Interlagos, Lebigre salió especialmente perjudicado en un cierre con polémica y un accidente que le hizo perder buena parte de su ventaja. Aun así, se mantuvo “a tiro” y llegó a Italia con una calculadora sencilla: necesitaba una carrera grande y, sobre todo, que sus rivales directos se estorbaran entre ellos.
La temporada ya había mostrado lo comprimido del campeonato desde el inicio: en Silverstone quedó claro que salir delante era medio trabajo hecho, y que un error mínimo se paga con una sangría de puntos. Monza, con su ADN de rebufos y chicanes, multiplicó ese efecto.

Qué deja la polémica: el límite del teamwork en eSports
Que haya tácticas de equipo no es nuevo. Lo llamativo es el nivel de agresividad y el impacto directo en el resultado del campeonato: bloqueos, “tapones” y maniobras que, sin ser necesariamente sancionables una a una, acaban deformando la lectura deportiva del evento.
El reto para la organización no es pequeño: mantener el espectáculo sin perder credibilidad competitiva. Si el objetivo es seguir consolidando la serie como referencia, será clave afinar criterios de comisariado y cerrar zonas grises del reglamento, especialmente en finales con tanto en juego.
Para repasar formato, calendario y el enfoque oficial de la competición, puedes consultar la página oficial de la Porsche Esports Supercup.

